Transicionando entre mundos

Reflexión final de Marivi Freire (1975, Barakaldo) sobre Madrid Escucha.
Ella es coordinadora de proyectos, Licenciada Química, Máster en Sostenibilidad y RSC, Autodidacta tecnológica y experta en moverse entre el mundo más técnico, cuadrado y legislativo y el mundo social y de creación de conexiones. Comprometida por un cambio de paradigma económico y social y en el entorno más cercano.

Me han pedido desde “Madrid Escucha” que comparta unas líneas sobre lo que me supuso participar como colaboradora en su programa ciudadano. Me acerqué desde Euskadi para colaborar en el proyecto “Madrid Cría” y la verdad, es una experiencia que me ha encantado y que me gustaría compartirla con vosotras desde diferentes ángulos.

El proyecto y el equipo

Ya desde el momento de hacer la inscripción allá por abril, me sorprendió que no se pidiera ningún tipo de curriculum. Con explicar qué es lo que te motivaba querer colaborar con el proyecto que seleccionaras, era suficiente. Esta nota tan sutil, ligera e inofensiva resultó para mí una muestra de confianza que me chocaba con los clásicos procesos de selección a los que nos vemos abocadas para buscar trabajo, financiación para un proyecto o para presentarte a distintos concursos. Esta acogida la acabé de entender mejor cuando me acerqué la primera vez a Medialab Prado y comprobé la naturalidad y la fluidez con la que se relacionaba el equipo de mediadores y mentores con promotores, colaboradores,…

Nunca antes había participado de una manera tan abierta y libre en algo parecido. Si alguien o “alguienes” facilitan los procesos, acompañan y ayudan cuando les pides, es responsabilidad nuestra como ciudadanía tomar parte. No digo participar sino tomar parte, que es como se dice en euskera, parte hartu, porque creo que amplía su significado. Si “tomas” parte, coges una responsabilidad, adoptas ese trozo de cotidianeidad en el que has participado, te preocupas por él y te acabas sintiendo responsable de cómo se desarrolla, ¿se está haciendo bien?, ¿hace falta algún mecanismo de control? Y así, me sentí, parte activa en el perfilado de un proyecto ciudadano que el grupo de “Madrid Cría” ya había empezado a trabajar.

Duro y Blando

Sólo veo beneficios cuando se unen espacios y mundos diferentes, como es el caso de las tecnologías duras y blandas o lo que a mí me gusta llamar cuando lo he practicado “transicionar” entre mundos que parece que no tienen nada que ver y que se sorprenden que les pongas en contacto y que acaben con un objetivo compartido de trabajo. Y en el caso de “Madrid Escucha”, con su objetivo de acercar el mundo del funcionariado y técnico del Ayuntamiento de Madrid a la ciudadanía de a pie de calle (y al revés) de esto se trataba también, de que transicionaran entre dos mundos tan alejados a veces y que se encontraran en el mismo espacio las unas, personal técnico y las otras, ciudadanía pura y dura.

El primer día conocí a las mujeres promotoras de “Madrid Cría”, el proyecto que había elegido porque me resonaba a necesidades que hay en mi entorno. Disponer de espacios autogestionados por familias donde poder ejercer un estilo de crianza sin etiquetar, donde poder estar acompañando a sus hijos e hijas jugando, compartiendo tiempo en un espacio resguardado de la lluvia y el mal tiempo y sin que fuera una ludoteca donde hubiera monitorado de tiempo libre contratado para ello. Y aquí está lo blando, las personas se organizaron, se rozaron y afectaron y aportaron su idea colectiva a “Madrid Escucha” y, además, a la convocatoria de presupuestos participativos de “Decide Madrid”.

¿Qué podía aportar “Madrid Escucha”? Hacer el enganche con el mundo de la normativa, los tecnicismos, las ordenanzas municipales y su propia experiencia, al fin y al cabo. Tenían el gran compromiso y trabajo de atraer a personal técnico del ayuntamiento que pudiera asesorar y aclarar dudas a los equipos que rodeaban cada proyecto. Atraer, porque tenían que ver interés en tomar parte en este tipo de espacios.

¿Qué podía pasar? Si fueran mundos con polos totalmente diferentes (+ y -) se podría intuir una fuerte atracción (como si fueran dos imanes) y entonces el proceso estaría chupado. Ellos mismos sin intercesión de mediadores o mentores, ¡se pegarían cuerpo a cuerpo y a fluir!. A dialogar, a ayudarse mutuamente, a pensar con los mismos criterios y reglas de juego. Pero, en realidad a un lado y a otro tenemos ciudadanía, vecinas y vecinos que viven en ese distrito que necesita tanta intervención o en ese barrio con tantos recursos. Es decir a mundos con cargas muy parecidas y que, como dos imanes con misma carga, no se atraen ellos solos. Hace falta una labor de puente, de facilitador y por qué no, de convencimiento por ambas partes de que trabajando colaborativamente, se genera una riqueza incalculable e impredecible.

Y ahí creo que está la clave de este proyecto. Apostar por un espacio, por unos recursos técnicos y humanos financiados desde la administración es una apuesta seria y fuerte de por qué tipo de colaboración se busca con la ciudadanía. Escuchar, dejar hacer, sobre todo esto, y ayudar a que se ponga en marcha es creer en sus vecinas y vecinos y, como aprendí en Medialab, es apostar por prototipos, modelos replicables, abiertos y generosos que se puedan implantar allí donde los gobiernos entiendan que la clave está en las personas y siempre, con las personas. Ahí lanzo el reto para Euskadi.

 

Un saludo cariñoso a las compis del proyecto que tan gratamente me acogieron Saya, Alessandra, Jessica, Fay, Sol y Karina, a Irene y Manuel del ayuntamiento por compartir su tiempo libre, a Aurora, Alberto, Enrique y Fernando del equipo de Medialab por poner todo así de fácil y por saber escuchar, a Eva e Icíar de Experimenta Distrito por su trabajo de calle, a mi amiga Itziar que siempre está cuando se la necesita y a mis colegas activistas de Barakaldo que me facilitaron la logística.

Marivi Freire

@maribi56

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